Presentación del libro “Lengua oculta, Doris y Gabriela”, de Rafael Rubio y Luis Almendra en FIL Guadalajara – Planeta Sostenible

Presentación del libro “Lengua oculta, Doris y Gabriela”, de Rafael Rubio y Luis Almendra en FIL Guadalajara

PRESENTACIÓN DEL LIBRO “LENGUA OCULTA, DORIS Y GABRIELA”, DE RAFAEL RUBIO Y LUIS ALMENDRA EN FIL GUADALAJARA

*El libro se acaba de lanzar el 4 de diciembre en la Feria del Libro de Guadalajara. A continuación, la transcripción de la presentación realizada por el editor Juan Francisco Bascuñán.

 

Cuando hace 10 meses definimos la historia que queríamos abordar en este libro: la relación amorosa entre la norteamericana Doris Dana y Gabriela Mistral, relación que duró los últimos años de vida de esta última, aún no se había iniciado lo que se ha mal llamado el “estallido social” en Chile.

 

Digo mal llamado “estallido” porque esta palabra me da la idea como de estampida desordenada de gente y creo que eso no es lo que está pasando. A mi juicio se está produciendo algo más profundo, que es un cambio de paradigma social y global, un cambio de modelo de relacionarnos entre nosotros y con el poder. Y ello se ha traducido en la devolución, la vuelta de la elaboración del contrato social que da nacimiento a una nación, la vuelta a su lugar original, esto es, al mismo pueblo que conforma la nación.

Y esta petición que hace el pueblo en las calles es por una causa muy sencilla, el pacto social vigente, esto es la Constitución de Pinochet que además de estar marcada por sangre, ha generado enormes desigualdades que explican en parte que el pueblo quiera un pacto nuevo, partiendo de cero, para así darse nuevas y mejores reglas. Para que en definitiva y entre otras cosas, no existan las enormes desigualdades que conforman un país en donde existen ciudadanos de primera y de segunda clase. Esta es una de las violencias más fuertes que se puedan generar.

No se quiere que la elaboración de este pacto nuevo caiga en manos de los intermediarios: la elite política, económica, eclesiástica, militar, que ha querido dominar a diestra y siniestra a sus mandantes, el pueblo, el propietario natural del poder y soberanía de la nación.

 

Cuando iniciamos este libro queríamos darnos la oportunidad de revisitar la relación de Doris y Gabriela, 70 años después que esta ocurrió, y ahora su análisis se hace mucho más interesante porque este libro nace justo en medio de este cambio de paradigma social en Chile.

 

Cuando pienso en Gabriela, pienso en qué opinaría de todo esto, de lo que está pasando en el Chile de hoy.

Gabriela, nacida en 1889, vivió el florecimiento de los sindicatos y del movimiento obrero, en el marco de la revolución rusa. Pero ella era ajena a los partidos políticos.

Decía Gabriela:

” …Me conocen a medias, o a tercias.  Yo soy fenómeno de una mujer sin partido político.

No tengo pues compraditos políticos que velen por mí. He deseado hasta hoy, realizado el hecho absurdo pero absoluto de vivir sin ayuda de partido, tan libre -y tan sola- como el pájaro más solo y más desvalido a la vez. Creo que es la manera de no tener nada que me gobierne. Pero he guardado el amor del pobrerío y esto por doctrina que mira solo a la independencia, a fin de juzgar los hechos del mundo sin dictados que signifiquen órdenes de rojos ni de negros”.

Frente a esta declaración de Gabriela uno se pregunta legítimamente, ¡cómo ella no estaría de acuerdo con este movimiento social chileno iniciado hace dos meses, que se presenta apolítico, sin líderes identificables, sin partidos que los enmarquen o los pauteen, movimiento que se ha plantado en las calles de Chile exigiendo la devolución del poder usurpado por la dictadura y los intermediarios, de hecho del poder del pueblo chileno! 

Estuviera donde estuviera creo que ella se hubiera volcado a su pobrerío como lo hizo desde las letras, las conferencias, ensayos, cartas, recados y cargos consulares, para defender los derechos y dignidad de su pueblo que ella llamaba tan lúcidamente:

el “vidente mayor” y vuelvo a repetir, el “vidente mayor”, porque este es un nombre que alude a un colectivo que no es la mera unión de personas y que además es capaz de ver más allá de lo físico y concreto.

Qué palabras más precisas para definir al pueblo que sabe lo que es correcto, porque él es el que ve y siente la injusticia todos los días, en el liceo, en el centro de salud, al recibir su humillante pensión. Y por lo mismo, tiene el derecho natural de cambiar el pacto que se le ofertó con fusil y muerte y que además ha fallado rotundamente, porque el mero crecimiento económico sin equidad, inclusión y protección ambiental, no es nada y se llama injusticia y es este el que da origen a la violencia.

Hay un dicho que dice “que quien narra el cuento, gobierna el mundo”.

Así, se quiso decir que Chile estaba en guerra, pero el vidente mayor narró otro cuento, el que de verdad estaba ocurriendo, una desigualdad histórica en donde a quienes se les entregó el poder constituyente no hicieron lo que debían.

Ahora el pueblo está narrando el cuento porque precisamente es el vidente mayor y ese cuento lo está contando en las murallas de Chile, como grafiti, esténcil o cartel, la forma más directa y antigua para expresar la historia y por eso quizás que haya llamado tanto la atención el libro de Sebastián Olivari “Chile despertó”, que editamos en conjunto, pues precisamente recoge ese hablar colectivo innominado que utiliza el espacio público de las murallas y las calles para narrar la historia de que son parte. 

 

Y volviendo sobre el libro “Lengua oculta” de Rubio y Almendra: Cómo hubiera sido esta relación entre estas dos increíbles mujeres, Doris Dana y Gabriela, si su derecho a amarse hubiera sido respetado y consagrado en la Constitución, eliminando las disposiciones legales que fijan que el matrimonio es solo entre un hombre y una mujer.

Cómo hubiera sido la vida de ese niño andino que puebla el poema póstumo de Gabriela “Poema de Chile” si en la Constitución se reconociera que Chile es un estado multicultural, y por tanto se reconoce la autonomía de todos los pueblos de cohabitar en el territorio llamado Chile.

Qué hubiera dicho Gabriela cuando le informaran que su Cuarta Región de Coquimbo se está secando porque, entre otras razones, los derechos de agua se privatizaron en 1980 y esto quedó casi inamovible en la Constitución de Pinochet.

Pero ahora el pueblo vidente podrá cambiarlo porque el poder volvió legítimamente a él.

Bueno, quiero aclararles que todo lo que he dicho son meras elucubraciones, porque Gabriela no está acá, al menos materialmente. Todo lo que he dicho es ficción pura como es el libro “Lengua oculta” que presentamos hoy. Es prosa poética de un poeta canalizador de las voces de Doris y Gabriela, y este poeta canalizador es Rafael Rubio, quien escribe más allá de cualquier límite, porque ha sido bendecido con ese dolor-poder que te conecta con la música original que se esconde detrás de las cosas, y es esa vibración la que nos conecta a todos con todos. Y las imágenes corresponden a otro artista superlativo: Luis Almendra, quien ha pintado las obras que pueblan el libro sobre las murallas de un liceo en Concepción. Ellas seguramente ya desaparecieron, quedando el registro de ese acto de desapego solo en este libro.

Este libro es ficción que en esencia es subversiva porque te invita a soñar y los sueños son subversivos porque no te dejan tranquilo hasta que se hacen realidad (Claudio de Girólamo).

“Hasta que la dignidad se vuelva costumbre” se leía en los rallados de las calles de Santiago en estos días.

Hasta que el amor deje de tener género o sexo y dejen a las almas amarse libremente.

Quién puede decir algo de la relación amorosa carnal de Doris y Gabriela, ambas hijas del dolor, resilientes, con terribles muertes de seres queridos cercanos, suicidios, alcoholismo, enfermedades mentales, pero con una luz misteriosa que las unía de alma, y un amor por la lectura, la escritura y los viajes.

Doris amó toda su vida a Gabriela y Gabriela perdió la cabeza con Doris. Las imágenes recuperadas por la Biblioteca Nacional de Chile, luego que las devolviera la sobrina de Doris Dana, nos permiten acercarnos en algo a cómo debe haber sido esa extraordinaria relación en las medianías del siglo XX.

Quién puede decir algo, quién puede emitir juicios valóricos sobre estas dos mujeres, lucidas, rebeldes, independientes, extremadamente inteligentes y tremendamente apasionadas:

Transcribo carta de Gabriela dirigida a Doris Dana:

“31 de noviembre de 1949 

“Hacen 16 días que te fuiste, Doris Dana. En esta mitad de mes yo he reunido una carta tuya bastante corta, por cierto.

Tú ignoras absolutamente al ser con el cual has vivido casi un año.

Día por día y hora por hora yo he vivido en una tensión álgida hecha por la presencia obsesional de tu rostro, de una memoria tremenda y candente de los días que viví contigo desde que te vi entrar por mi casa.

Cuando se vive eso -cosa muy lejana de una americana- 16 días con una sola carta, 16, son un infierno demasiado rojo y demasiado negro o color de betún.

Yo no puedo seguir viviendo esto, Doris Dana, sería mejor desaparecer.

Todo lo que tengo que decirte es esto:

que no tengo más salida digna que callarme y desaparecer de tu vida tan llena de gentes y tan avara para mí, y que a esto me lleva el entender ¡por fin! que yo no soy una criatura hecha para ti”

 

Contesta ficticiamente Doris en la voz de Rafael Rubio, en el libro “Lengua oculta”:

 

“Yo, Doris Dana, mala de la cabeza, alcohólica por gracia de los santos del cielo, vengo a decirte adiós, adiós, Gabriela, antes de que te conduzcan a la casa de Nadie, rabia, vigilada por perros que conocen la muerte como a una vieja madre que les da de comer.

Madre sin madre, la muerte no es tu hija, no la acunes entre tus brazos viejos, pues no tendrá piedad de tu ternura cuando llegue la hora del gran Beso, ese beso que yo no te daré, sino la madre de todas las noches.

Está oscuro. Solo los cirios desnudan tu cara. Abre los ojos. Si tú me miras yo me vuelvo hermosa, hermosa como el llanto que no viene a los ojos, el llanto que se para en la punta de un lirio, como un equilibrista en lo alto del miedo.

Mírame una vez más y me haré buena. No vuelvo más a huir a cualquier parte, a la hora que sea y por quien sea. Mírame una vez más y me haré santa”.

 

En la versión de Rafael, Doris actúa como una sacerdotisa que lleva a Gabriela por los bardos de la muerte, a la manera budista para que Gabriela se encuentre con sus muertos: su hermana, su madre, su hijo. Gabriela para esas fechas se había acercado fuertemente al budismo.

Escribe Gabriela en “Los Sonetos de la Muerte” en 1914 como si ya supiera cómo sería su compleja y atormentada relación con la muerte:

“Soneto 2

Este largo cansancio se hará mayor cada día 

y el alma dirá al cuerpo que no quiere seguir

 arrastrando su masa por la rosada vía

 por donde van los hombres, contentos de vivir…

 

 Sentirás que a tu lado cavan briosamente

 que otra dormida llega a la quieta ciudad 

esperaré que me hayan descubierto totalmente…

¡y después hablaremos por una eternidad!

 

Solo entonces 

sabrás el porqué no madura 

para las ondas huesas tu carne todavía

tuviste que bajar, sin fatiga, a dormir.

 

 Se hará la luz en la zona de los sinos, oscura; 

sabrás que en nuestra alianza signo de astros había 

y, roto el pacto enorme, tenías que morir…”.

 

Escribe Rafael en “Lengua oculta”:

 

“Tu madre llora. Le ha nacido un muerto.

 Alguien sacude las plumas de un pájaro.

 La noche es el infierno de los niños. 

Unas mujeres de cabezas calvas plañen como si hubiera muerto un príncipe.

La muerte llora cuando muere un hijo, cuando a un hijo lo mata su veneno. Tu madre llora. Le ha nacido un muerto. Los candelabros brillan por su ausencia, y las lloronas se arrojan sobre ti para arrancarte todos los pecados del mundo. De ti, de ti se enamoró la noche. Niño viejo de nadie, crispado bajo el cielo como un grito del pasto. 

Acúnalo, rencor. Dale tu beso como un pájaro muerto para que resucite entre sus labios, antes de que se le pudra en la boca bendita. Niño, niño más viejo que la muerte, y más solo que un hombre frente al mar, hay una puerta adentro de tu pecho, una puerta  entreabierta y yo voy a cerrarla para siempre”.

 

En fin, lanzar este libro ha tenido algo de oportunismo, de coincidencia, de sincronía.

Y lo ponemos a disposición para reflexionar sobre la relación entre dos mujeres a mediados del siglo XX. Lo hemos planteado como una oportunidad de cubrir con tierra el morbo conservador de la sociedad chilena que esconde el amor entre mujeres, y así poder hablar de amor sobre amor y para darnos una nueva oportunidad para acercamos con compasión a estas dos protagonistas de un melodrama ocurrido hace casi 70 años.

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