Aprendizaje socioemocional para un mundo en tensión: hacia una mirada sistémica (ASE-S) – Planeta Sostenible

Aprendizaje socioemocional para un mundo en tensión: hacia una mirada sistémica (ASE-S)

Equipo Planeta Sostenible

Si la convivencia no puede reducirse a protocolos ni a medidas de control, entonces la pregunta que se abre es más exigente:
¿qué capacidades necesitamos desarrollar como personas y como comunidades para convivir en un mundo como el actual?

El aprendizaje socioemocional (ASE) ha emergido en las últimas décadas como una respuesta a esta pregunta. Diversos marcos internacionales han insistido en su importancia, señalando que habilidades como la empatía, la autorregulación, la colaboración o la toma de decisiones responsables son fundamentales para el desarrollo integral de niños, niñas y jóvenes.

Sin embargo, existe un riesgo: entender el ASE como un conjunto de herramientas aisladas, como si bastara con “trabajar habilidades” para abordar problemas que son, en realidad, mucho más profundos.

En Planeta Sostenible creemos que es necesario dar un paso más.

Más allá de las habilidades: el ser humano como ser relacional

El aprendizaje socioemocional no se juega solo en el individuo.
Se juega, ante todo, en la relación.

Desde una perspectiva biológica y cultural, el ser humano no es un ente aislado que luego se vincula con otros; es un ser que se constituye en el convivir. Como han señalado distintas corrientes del pensamiento contemporáneo, nuestra forma de percibir, sentir y actuar se configura en redes de relaciones que nos preceden y nos sostienen.

Esto tiene una consecuencia clave:
no basta con enseñar a gestionar emociones si no se transforman los contextos relacionales en los que esas emociones surgen.

La convivencia, entonces, no es solo una competencia individual. Es una cualidad emergente de un sistema.

ASE en contexto: el desafío de un mundo complejo

El desarrollo socioemocional hoy ocurre en condiciones muy distintas a las de hace algunas generaciones.

Vivimos en entornos:

  • altamente acelerados,
  • mediados por tecnologías que transforman la experiencia,
  • con vínculos más fragmentados,
  • y con una exposición constante a estímulos, información y tensiones.

En este contexto, se espera que niños, niñas y jóvenes regulen sus emociones, resuelvan conflictos y construyan relaciones saludables, muchas veces sin contar con las condiciones ni los acompañamientos necesarios para ello.

Aquí es donde el ASE cobra sentido. Pero también donde debe ser repensado.

Porque si no consideramos el contexto, corremos el riesgo de responsabilizar al individuo por procesos que son, en gran medida, sistémicos.

Hacia un aprendizaje socioemocional ampliado: ASE-S

Desde esta comprensión, proponemos avanzar hacia una mirada más amplia:
un aprendizaje socioemocional situado en la sostenibilidad, al que llamamos ASE-S.

El ASE-S no reemplaza al ASE. Lo expande.

Incorpora una dimensión clave: la comprensión de la interdependencia.

Esto implica reconocer que:

  • nuestras emociones no son solo internas, sino relacionales,
  • nuestras acciones afectan a otros y al entorno,
  • y nuestra forma de convivir está profundamente conectada con las condiciones sociales, culturales y ecológicas en las que habitamos.

Desde esta perspectiva, el desarrollo socioemocional no es solo una herramienta para el bienestar individual, sino una base para la vida en común.

Capacidades para convivir en complejidad

El ASE-S busca fortalecer capacidades que permiten habitar un mundo complejo sin reducirlo ni fragmentarlo.

Entre ellas:

  • la autorregulación, no como control, sino como conciencia de los propios estados;
  • la empatía, entendida como apertura real a la experiencia del otro;
  • la capacidad de sostener el conflicto, sin negarlo ni escalarlo;
  • la participación, como experiencia de construcción colectiva;
  • el sentido de pertenencia, que protege y orienta;
  • y la comprensión de interdependencia, que sitúa al individuo en una red más amplia de relaciones.

Estas capacidades no se desarrollan en abstracto.
Se construyen en contextos que las hacen posibles.

Por eso, el desafío no es solo pedagógico, sino también cultural.

Del individuo al sistema: cambiar la pregunta

Cuando el foco está solo en el comportamiento individual, la pregunta suele ser:
¿qué le pasa a este estudiante?

Pero desde una mirada sistémica, la pregunta cambia:
¿qué está pasando en el sistema del que este comportamiento es expresión?

Este cambio no busca diluir responsabilidades, sino comprender mejor las condiciones en que emergen las conductas.

Porque cuando el problema se entiende de manera más amplia, también se amplían las posibilidades de respuesta.

Una invitación a mirar distinto

El aprendizaje socioemocional, en su sentido más profundo, no es una técnica ni un programa más.

Es una invitación a repensar la educación desde una pregunta esencial:
¿cómo aprendemos a vivir juntos?

En un contexto marcado por múltiples formas de violencia, esta pregunta adquiere una urgencia particular. Pero su respuesta no puede ser apresurada.

Requiere tiempo, reflexión y una comprensión más amplia del ser humano y de los sistemas en los que se desarrolla.

Desde Planeta Sostenible, entendemos el ASE-S como parte de ese camino:
una forma de integrar lo emocional, lo relacional y lo sistémico en una mirada que no simplifique la realidad, sino que la acoja en su complejidad.

Porque, finalmente, no se trata solo de aprender a sentir mejor, sino de aprender a convivir mejor en un mundo que también necesitamos transformar.